miércoles, 25 de abril de 2012


Fractal: figura semigeométrica, constituida por patrones en diferentes escalas.
Psicodelia: lo que manifiesta el alma, relacionado a lo pictórico y sonoro.
Transductor: Convierte la energía en otro tipo de energía.
Proxémica: Distancias relativas, lejano y cercano.
Rizomático: proceso por el cual se crea una imagen con el pensamiento.

Escribir con sonidos
En el comienzo de los años 50 la radio había sido acaparada en gran medida por la escritura, más que por la oralidad, no era raro que las entrevistas tengan un guión previamente hecho, de modo que se ponía controlar hasta el último detalle.  El texto era leído sin mayor  sensibilidad,  adornado con efectos sonoros y efectos sonoros. Entre tanto puede observarse que muchos estudios se han convertido en maquinas de hacer copias sonoras, intentando absurdamente a simular la realidad sujeta al rígido texto escrito, obviando el texto hablado, y las formas de oralidad convencional.
Ya a finales de los 60, la radio empieza a mostrase casual, y hasta un tanto improvisada: “Ya no hay tiempo para la escritura” y los efectos sonoros ya no so artificiales, como ráfagas de ruido, si no que se convierte en un actor mas, un actor sonoro. La radio se libera de la escritura y se sustenta en lo que se vive, esta es una realidad efervescente, convulsionada… un frenesí de un sin fin de hechos.  El mundo se convierte en un estudio al aire libre.
El sonido tiene características, propias del espacio y cuerpo de donde se genera y este también lleva la resonancia, un repique vibratorio del lugar del que proviene, es una suerte de imagen dinámica, como un fractal, una suerte de psicodelia.

El registro de la realidad a través del sonido, no se trata meramente de poner equipos para la captura de sonidos ambientales y/o imágenes y esperar que estos la reflejen tal como es, si bien es cierto, el sonido puede transportar a lugares, evocar momentos o recrear situaciones, pero no existe medio que pueda reflejar la realidad de manera transparente. Cuando se esta grabando, no se debe escatimar en esfuerzos para registrar todo que se pueda percibir, todo cuenta y el orden no es algo de lo que debamos preocuparnos, hay que observar muy bien (con los oídos), estar atentos para poder obtener cualquier cosa que sea de nuestro provecho o que ayude con nuestro propósito.

La etapa de la escucha es importante, aquí escucharemos atentamente y por que no decirlo, a ojos cerrados el material obtenido en la etapa anterior. Tenemos que tener los ojos cerrados y la imaginación abierta a imaginar espacios a partir de sonidos, estar prestos a crear detalles a partir de ruidos ambientales, de golpes, de susurros, de viento, de vacío, de eco. Dejarnos transportar y saber que todo se oye, hasta lo que no se escucha, Anthony Artaud decía que hasta el pensamiento hace ruido. Este impregna el sonido, lo interfiere lo neutraliza, y lo nutre de un silencio que resuena. A medida que avanza la experiencia, la técnica se convertirá en una función del pensamiento, es donde nos daremos cuenta que el oído lejos de ser un transductor, es una suerte de oreja, es una extensión de nuestros sentidos y lo capturado es un borrador de una realidad proxémica.
Lo siguiente en venir se trata de superponer elementos recogidos de la realidad que deseamos recrear, adicionarle otros mas que ayuden a enriquecer nuestra obra, ensamblar ese conjunto de ruidos ambientales como quien pone una hoja en blanco, y la va pintando con fragmentos de textos, música, palabras, sonidos no textuales que hacen el intento de hacer una recreación mas real.
El trabajo aun no acaba, pues cuando hallamos hecho nuestro collage de sonidos, textos hablados, ruidos y música, seguirá la decisión de establecer un orden a nuestro antojo, suspender el sonido, crear silencios, ruidos abruptos, y ver como poco a poco el pasado ya capturado se muestra en una nueva versión, renovada, reinventada. Tendremos en cuenta los tiempo, de modo así que como los diálogos son importantes, los silencios también lo son, ya que hasta el silencio comunica y las pausas son necesarias.
Tengo la seguridad que componer una pieza radial, es tan importante como escucharla, así como el escultor toca su obra de arte y es sensible a este, uno debe también experimentar lo que esta propuesto causar, incluso experimentar el desencanto, preguntarse como poder hacerlo mejor, que es lo que no debo volver a hacer o si esto sierva en otro contexto. La dramaturgia no solo enriquece nuestro trabajo, provoca atracciones y tensiones, es capas de llevar nuestra obra  a un proceso rizomático, donde el resto de elementos no solo toman sentido e importancia si no que se conjugan en una sola imagen sonora.
La calidad de una obra radiofónica no tiene que significar, un proceso complejo y ni estar plagado de códigos difíciles de interpretar, muchas veces se puede encontrar belleza en un lenguaje más sencillo, la creatividad tiene que ser nuestra muy mejor amiga, ello supone dedicarle el tiempo necesario.
La creación sonora, no solo es el intento de capturar una realidad y que esta sea solo una efímera experiencia, si no que plasme sentimientos, inquietudes, grite al interior de quien lo escuche, lo sensibilice. Que la creación sonora represente más que la técnica, represente el arte.



















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